viernes, 7 de diciembre de 2012

“Escribe algo digno de ser leído”

POR: Cintia Ramón

Esta frase llegó a mis oídos y desde ese entonces no para de retumbar en mi cabeza cada vez que me siento frente al computador y observo como cada letra compone una palabra y esta a su vez forma parte de la composición de un escrito.
 
Digo que retumba, porque después de dos años y cinco meses de ejercer el “mejor oficio del mundo” como le llama Gabriel García Márquez al Periodismo, he comprendido que el reportero o el “carga ladrillos”, como lo define el literato colombiano, no trabaja para un medio de comunicación; en realidad trabaja por sus lectores, quienes cada día esperan el tabloide para estar al tanto de los acontecimientos de su entorno.

Bueno, eso me pasa cada vez que voy a una reportería y en el desarrollo de la misma siento que la noticia no solo debe transcender al  responder las seis preguntas básicas (qué, quién,  cómo, cuándo, dónde y por qué). Desde mi óptica creo que la noticia también debe retratar los rostros, las historias y las vivencias de la gente que sufre por el alza de los precios en los alimentos, por la falta de trabajo, por la falta de oportunidades, por la falta de dinero y sobre todo por la falta de dignidad.

Como decía una catedrática de la universidad, donde aprendí a querer esta linda profesión;  “no hay temas malos, solo periodistas malos”. Y es la verdad. Siempre lo he dicho todos pueden tener una misma información, pero la diferencia está en el picante o en el ‘plus’ (valor agregado), que le pongas a tu nota. Un solo detalle le puede dar un giro diferente a la historia.

Al leer estos cinco párrafos me pregunto de donde salió todo este escrito; pero al hacer introspección comprendo que del diario vivir, del diario recorrer por las sendas de la comunicación.

No lo puedo evitar al igual que Ryszard Kapuściński siento que “el periodista debe tener cualidades propias, pero su tarea va a depender de los otros: aquel que no sabe compartir, difícilmente puede dedicarse a esta profesión” (frase tomada del libro ‘Los cinco sentidos del periodista’).

Esta frase retrata la relación simbiótica entre el reportero y la comunidad que verá en él a esa persona, que a través de sus artículos se convertirá en el “grito de los que sólo susurran”.

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