Petroglifos: ¿señal de antiguas culturas?
A 15 kilómetros de la urbe, existe un lugar en el que se puede entrar en contacto con la esencia de la vida.
POR: Cintia Ramón
FOTOS: Cintia Ramón Y LUIS VINUEZA.
SANTO DOMINGO DE LOS TSÁCHILAS. El olor a tierra, el verdor de las
montañas, el ir y venir de las aves y los sonidos de aquellos que encuentran
refugio en la Naturaleza es el panorama, que se pinta en el sector del
Pedregal, ubicado en la comunidad de San Gabriel del Baba.
Al llegar. Solo les basta un segundo a
los visitantes para respirar vida. Para respirar aquel aire esquivo al smog de
la ciudad. El ruido no tiene cabida en la zona, lo que les permite
desconectarse del estrés y de las tribulaciones, que aprisionan el alma.
Al observar aquellas elevaciones lejanas,
alguien se arriesga a preguntar que hay más allá de lo que la densa neblina
permite ver. La respuesta es sencilla: solo hay que ir y dejarse sorprender.
Es así que se da por iniciada la
aventura. Lo único que saben, quiénes se arriesgan a conocer el corazón de las
montañas, es que existen unas piedras con formas características (petroglifos).
Al parecer, vestigios de antiguos pueblos asentados en estas zonas. Dichos megalitos están distribuidos en 130 hectáreas de bosque primario húmedo y
musgoso.
Un par de botas, una cámara fotográfica y
las ansias de conocer son elementos suficientes para empezar con el recorrido.
El lodo y la yerba mojada son parte del trayecto. Hay que tener habilidad, o
en tal caso desarrollarla, para
sortear las caídas y tropezones. Al subir, el amante a la antropología, Olivo
Guevara, siente como el aire le falta y tras descansar unos segundos, las
fuerzas retornan para continuar con las largas horas de camino.
CREACIÓN DIVINA
Quienes se pasean por estos parajes,
aseguran haber visto a tigrillos, guatusas, venados, y demás animales, que
llevan una vida ajena a la domesticidad. Las mariposas invaden de alegría el
ambiente. Algunas tienen aspectos de hojas, troncos viejos, y otras parecen un
arcoíris, que en su vuelo derrochan magia.
A casi 45 minutos de caminata, los
visitantes escuchan el choque del agua que corre por el río Magdalena. Esta es
señal de que lo bueno está por venir.
CULTURAS
Luego de pasar por las resbaladizas
rocas, más de uno movido por la sed toma un sorbo del cristalino líquido. Al
seguir con la ruta, se puede observar la primer piedra, que tiene tallados de
líneas y varias circunferencias.
Conforme avanzan las manecillas del
reloj, los aventureros observan otros megalitos en cuya estructura existe una
especie de soldadura o incrustaciones de otro material pétreo. A decir de
Guevara, entendido en la materia, una de las hipótesis que se maneja, es que
varias culturas estuvieron asentadas en este sector.
Las características de los petroglifos
dan muestras, de que pertenecen a la edad de la Piedra Nueva o más conocido
como el periodo Neolítico. Las figuras zoomorfas (animales) y antropomorfas
(humanos) ponen el sello en cada petroglifos. Así se evidencia en algunos, cuyos
rasgos se asemejan al del rostro de una persona y las figuras curvilíneas de
serpientes.
Tras varios meses de investigación,
Guevara está bajo el rastro de aquellos que se asentaron en estas tierras. Una
de sus hipóstesis es la cultura de los Babas, ya que el trayecto del río Baba
conecta con Quevedo y avanza hasta llegar a Balzar, provincia del Guayas. En base a esta idea, Guevara sostiene que dichos pobladores
cruzaron el mar y subieron por la zona interandina. Dicha tribu se
caracterizaba por la pesca y encontraron en este lugar, escenarios perfectos
para rendirle tributo a sus deidades y a la vida misma.
ESPECIES
Fauna
° León
de montaña
°
Tigrillo
° Guanta
°
Guatuso
°
Venados
° Oso de
anteojos
°
Mariposas
Flora
° Aguacatillo
° Cedro
°
Colorado fino
°
Colorado manzano
°
Variedad de orquídeas
VESTIGIOS
Hace un año y medio, Leoncio Herrera
y Olivo Guevara descubrieron dichos megalitos.
5
HORAS
En total dura la caminata.