La edad no frenó su unión
Las adversidades son sinónimo de fortaleza para una pareja de esposos
de la tercera edad.
Ejemplo. En estos ocho años de estar juntos, Don Segundo y Doña
Lety han logrado mantener vivo su amor.
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Hace ocho años, Segundo Eliceo Pazmiño decidió escribir su historia
de amor. A sus 64 años conoció a su compañera Leticia Sánchez, quien es mayor a
él con 13 años.
Para esta pareja el amor pudo más que la diferencia de años,
pues Don Segundo había encontrado el amor, que desde hace mucho tiempo estaba buscando. Ese amor que solo Doña Lety podía darle.
Por esos años, Doña
Lety estaba en calidad de viuda. Su estado civil fue una buena oportunidad,
para que Don Segundo se anime a conquistarla y juntos emprendan una nueva
etapa de su vida.
“Yo vendía helados y siempre iba por donde ella vivía para regalarle
uno que otro heladito y así ganarme su cariño”, expresó el hombre, quien después de tantos intentos y
sonrisas enamoradas convenció a Doña Lety de irse a vivir juntos.
Sus primeros meses se convirtieron en la luna de miel para
Don Segundo, quien desde muy joven se dedicó a recorrer el Ecuador y no se dio
tiempo para encontrar a la mujer con la que formaría una familia.
Obstáculos
Con el pasar de los años, como toda historia de amor los
inconvenientes se hicieron presentes.
La casa que habían construido para vivir por el resto de sus días, empezó a presentar algunos desperfectos en su estructura.
La casa que habían construido para vivir por el resto de sus días, empezó a presentar algunos desperfectos en su estructura.
Gracias a la ayuda de las personas de buen corazón, Don
Segundo logró adecuar su vivienda. A este inconveniente se
sumó otro. Su esposa sufrió una caída en el patio de su casa.
Esta caída sería la mayor prueba dentro de la relación de
Don Segundo y Doña Lety, quien se fracturó la pierna derecha. Desde ahí
ella quedó imposibilitada de caminar, “la llevábamos hacer las terapias pero
luego dijo que ya no quería”, comentó.
La situación de la mujer, de 95 años, se complicó. Esa caída
le quitaría la oportunidad de caminar y valerse por sí sola. El hecho
afectó también a Don Segundo, quien tuvo
que dejar su trabajo para dedicarse al cuidado de su compañera de vida.
Su única forma de
subsistencia es la ayuda de las personas de buen corazón, quienes les apoyan
con la alimentación y vestimenta. Esto no incluye las recaídas de su esposa,
quien el día pasa acostada en una cama improvisada que se encuentra en la sala
de la casa.
De forma constante, Doña Lety se queja. El dolor de su
pierna es insoportable. Así lo demuestra su rostro cada vez que se frunce y
solicita ayuda. Con sus manos se sostiene para acostarse o sentarse,
cuando ya se cansa de matar el tiempo viendo pasar las horas.
La jornada diaria de Don Segundo es abnegada. Debe
levantarse desde muy temprano hacer el desayuno para su esposa, Limpiar la
casa. bañarla, cambiarla y acostarla en su cama. Además de prepararle el almuerzo, darle de comer,
lavar la ropa, en fin su jornada es ardua desde que se levanta hasta que la
hace dormir a su compañera de vida.
Al consultarle si sigue amando a su esposa pese a sus dolencias, el hombre indicó que el amor es lo que lo mantiene vivo.
Al consultarle si sigue amando a su esposa pese a sus dolencias, el hombre indicó que el amor es lo que lo mantiene vivo.
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